Parecería una ironía, muchas de las fracciones del texto, que acabamos de reflexionar, en el que se expone muchas y repetidas veces por diferentes autores lo relevante de una educación sin educar, el como los procesos cognitivos y de competencia presentan un nuevo rostro, ante la necesidad de instituciones educativas preocupadas, por el carácter, reflexivo y conceptual que se ha ido perdiendo ante la demanda de habilidades operativas, sin un carácter evolutivo donde, es de prioridad y de urgencia promover la ética y una formación inteligente, para como consecuencia se logre la eficacia ante su desempeño laboral.
Para así retomar (aunque esto también sea una ironía), el sentido de análisis y reflexión teórica, en nuestras aulas, comprendiendo así no solo la serie de necesidades de nuestros jóvenes y las de su entorno social cultural, si no también, las de nosotros como docentes y el reto ante la exigencia de un medio tan competido carente de valores.
Creo que, es más que claro, el que no somos cajitas, acumuladoras de saberes a conveniencia, pero si, seres selectivos de información de acuerdo a la realidad que nos este tocando vivir, que priorizamos de acuerdo a nuestra visión y en esto podemos tener errores de selectividad, estamos expuestos a uno y otro error.
En este proceso lo más impactante es reconocer la mejor parte y aplicar lo conveniente al problema en cuestión es difícil reestructurarse y replantearse, sobre todo nosotros como docentes que tenemos que ejemplificar con nuestros hechos y guiar con nuestra prudencia, haciendo efectivos los famoso diálogos de ida y vuelta, que llenan de sentido el aprendizaje.
Las competencias pese a los diferentes tipos de apreciaciones comulgan en algo; y es la de satisfacer las necesidades que se presenten, atendiendo situaciones, resolviendo problemas, tomando decisiones, para lograr objetivos, que el estudiante va a enfrentar y que nosotros como docentes también.
Es vital conocer más de nuestros jóvenes de forma personal y mediante test que nos orienten en cuanto a sus intereses, a sus habilidades, a la serie de inteligencias múltiples que tienen, entre otros. Que no solo establecerían un contacto más profundo con ellos si no que tendríamos una herramienta más, para apreciar cualidades que tal vez ni ellos percibían. El proceso de humanización y concientización, no va a ser para nada aburrido y sí muy gratificante, nos espera un muy largo camino totalmente emocionante, en el que por nada debemos degradar o disminuir la labor en equipo, docente alumno, donde seria un tremendo error llamar trivial al aprendizaje y sus procesos para hacerlo efectivo, donde la capacidad de reflexión e investigación son estelares pero la memoria es parte de un todo, de un engrane en esta industria tan grande y con tan éticos propósitos.
